¿Que diferencia a la economía ambiental de las otras ramas de la economía?

Pagar hoy o lamentar mañana…

Si en unos tres meses mas (mediados del 2008) le pediríamos al productor o comercializador de naranja que mantenga o baje el precio del año pasado, seguramente obtendríamos un NO rotundo. Si además le pediríamos que cambie su proceso productivo o de comercialización para proteger el medio ambiente, seguro escucharíamos la misma respuesta.

Normalmente, hablar de medio ambiente tiene repercusiones negativas puesto que generalmente se la considera (aún ahora) como un factor contrario a la productividad económica. Ya sea en un sistema de libre mercado o de cualquier otro tipo.

Es curioso y a la vez frustrante que aún en este siglo XXI encontremos empresarios, gobiernos y sociedad civil que a pesar de utilizar terminología ambientalmente apropiada, no están dispuestos a “internalizar” esos costos en el precio final de los bienes o servicios que consume nuestra sociedad. Ya sea porque es lo más fácil, simple lucro, codicia o búsqueda de rédito político.

Esta disyuntiva se torna más sensitiva cuando nos encontramos en una economía en desarrollo. ¿Cómo podríamos pedir a los ciudadanos con menores recursos que “financien a los productores y comercializadores, nacionales y extranjeros”? ¿Cuál es el precio justo por los productos? por si eso fuera poco ¿No nos decían que era mejor comprar barato siempre? y que esto ultimo es además un comportamiento ¿racional? Si a todo lo anterior le sumamos los problemas climatológicos vividos el año pasado y este, la sociedad queda aún más confundida.

La economía ambiental usa los mismos elementos de análisis macro y microeconómicos que cualquiera de las otras ramas de la ciencia económica. Por ello, da lo mismo analizar el mercado de la naranja (gráfico) o de la contaminación ambiental fruto del chaqueo. Los instrumentos son los mismos, sin embargo, las conclusiones utilizando un enfoque económico ambiental serán diferentes.

Si hablamos del mercado de naranja, podemos ver un precio y cantidad en equilibrio:

P* = Q*

Imaginemos ahora que los consumidores en previsión a la época de invierno, deciden comprar más naranja para reforzar las necesidades de su familia de vitamina C. Entonces, la demanda aumenta de D a D’.

La solución económica tradicional (ante ese aumento de demanda) la vemos en el primer gráfico (a), un precio y una cantidad mayor, es decir PI = QI. Ahora bien, la solución económica ambiental la vemos en el segundo gráfico (b), donde tenemos un precio ligeramente mayor a PI es decir PII y una cantidad ligeramente menor a QI es decir QII

Todo lo anterior en base al cambio de la curva de Oferta (de O a O’), lo que desde la óptica del economista ambiental, refleja un comportamiento más sostenible del mercado de la naranja.

Los productores y/o comercializadores de naranja (y a su turno los entes reguladores) practicaran cambios en la composición de la oferta. En el gráfico (b), vemos una Oferta que al rotar en su eje inferior incorpora esos costos muchas veces ocultos, no percibidos que son los medioambientales. Los resultados iniciales de pasar de un estado (a) a una situación (b) implican a corto plazo un mayor precio y una menor cantidad de naranjas ante un incremento de la demanda por ellas.

A largo plazo, la economía experimentará un crecimiento sostenible puesto que esos costos ocultos (ej: manejo integrado de plagas, tratamiento “más orgánico” de este producto, etc.) reducirán a la larga la necesidad de mayores insumos, que actualmente se pierden porque no son lo suficientemente “caros” como para motivar un uso eficiente de los mismos.

Ahora bien, veamos el lado donde los productores, comercializadores no están particularmente interesados a contribuir con el medio ambiente, ni les preocupa el uso de los recursos naturales para futuras generaciones. Simplemente deciden aceptar ese incremento de la demanda y producir más.

Para ello, precisarán una mayor cantidad de tierra, más árboles de naranja, más embalaje, mayor cantidad de transporte, mano de obra etc. Esta situación, en inicio negativa (como carga adicional sobre los escasos recursos) también producirá el movimiento de la curva de oferta, de O a O’.

Si una u otra situación fuera a ocurrir, el resultado tangible es la nueva curva O’, ¿entonces no tiene mejor sentido hacer algo positivo al respecto?

Por último y como buen corolario de lo que debe ser una verdadera interacción en el mercado, no solo la oferta debe reaccionar sino también la demanda.

La demanda también contribuirá a esta causa, no solo porque ser ambientalista este de moda. Los consumidores al estar dispuestos a consumir menos cantidad de naranja (producida de manera sostenible) de la que usualmente estaban dispuestos a pagar, “alivian” en principio la presión sobre la oferta. En retribución a su predisposición consumirán un producto mas sano, con un ahorro de recursos que podrán ser utilizados a futuro.

Por lo tanto no hace daño encauzar nuestros sistemas de producción “internalizando” los costos ambientales, una manera segura y eficiente para no lamentarnos mañana.

Acerca de David J. Lozano

Economista ambiental con experiencia en alta gerencia para proyectos/programas de desarrollo sostenible y RSE.

  1. Un gran post, enhorabuena.

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