Responsabilidad Social Empresarial y Medio Ambiente

A mediados de Enero 2012, el actual ministro de economía decía que los trabajadores deberían beneficiarse de las ganancias de sus empresas… si eso ocurriera en las empresas publicas, observaríamos que las ganancias de esas empresas pertenecen a todos los Bolivianos y no a unos cuantos que reciben un salario por su trabajo. Bajo ese concepto, concluimos que las ganancias de las empresas privadas, corresponden a sus dueños, inversionistas y/o accionistas. Es hasta demagógico utilizar esos argumentos; al mismo tiempo nos sirve para preguntarnos ¿hasta donde las empresas deberían cubrir por algunos costos, y/o inversiones, mas allá del pago de impuestos, o regalías?

¿Hasta donde debe la empresa privada participar en el desarrollo, apoyo de la sociedad? ¿Donde comienza y donde termina esa responsabilidad social empresarial (RSE)? ¿O es que se esta convirtiendo en una especie de chantaje velado? La semana del 16 de enero, 2012, la empresa minera Manquiri (Potosí) informo que repararía el museo que existe en La Paz, detrás del Hotel Europa, donde la mayoría de sus muestras son de Tiahuanaco (La Paz), bajo su programa de RSE. Si bien se puede argumentar que es un museo Nacional, ¿no podrían los habitantes de Potosí cuestionar esta inversión que no es realizada en su departamento. ¿Quien tiene “derecho” para decir como se deben invertir las ganancias de una empresa? ¿Un ministro de economía o un “sector social”?

Es necesario realizar una crítica de “responsabilidad social empresarial” (RSE), y para precisar aun mas, la RSE en su relación con proyectos de apoyo al medio ambiente.

El tema en cuestión fue analizado por Robert Stavins de la Universidad de Harvard. Se trata de ver cual es el papel apropiado de un negocio/empresa con respecto a la protección del medio ambiente. Todos están de acuerdo en que las empresas deben obedecer la ley. ¿Pero más allá de la ley: más allá del cumplimiento de normas: las empresas tienen responsabilidades adicionales a comprometer recursos para la protección del medio ambiente? O dicho de otro modo a todo lo anterior: ¿Cómo deberíamos pensar en la idea de sacrificar las ganancias de las empresas en el interés social?

Mucho de lo que se ha escrito sobre esta cuestión ha sido confundido y confuso. Defensores, así como académicos, han enredado lo que deberían ser cuatro distintas preguntas acerca de la responsabilidad social corporativa: puede, pueden, deben y hacer.

¿En primer lugar, las empresas pueden sacrificar sus beneficios en pro del interés social – habida cuenta de sus responsabilidades fiduciarias a los accionistas? ¿La Administración tiene la obligación fiduciaria para maximizar las ganancias corporativas en el interés de los accionistas, o puede sacrificar ganancias por una voluntad superior, debido a los requisitos del derecho ambiental? Einer Elhauge, un profesor de Harvard Law School, desafía la sabiduría convencional que los administradores tienen el deber legal simple para maximizar los beneficios empresariales. Argumenta que los administradores tienen libertad de divergir desde el objetivo de maximización de beneficios, en parte porque sus deberes jurídicos a los accionistas se rigen por la “regla de juicio empresarial,” lo que les da amplia discreción para utilizar recursos corporativos como lo estimen conveniente.

Si los administradores de una empresa deciden, por ejemplo, del uso “verde” de los insumos, del diseño de tecnologías de producción más limpias, o disponer de sus residuos de forma más segura, los tribunales no les impiden hacerlo, no importa cuan descontentos puedan estar los accionistas sobre esos actos de caridad pública. La razón es que para todos, un juez sabe de tales medidas: especialmente cuando ellos son bien publicitados: agregará una línea de fondo de la empresa a largo plazo aumentando la voluntad pública. Pero esta línea de argumento contradice la misma premisa, ya que se basa en la noción de que las acciones gerenciales no son de sacrificar ganancias, sino de contribuir al aumento de esas ganancias.

Esto nos lleva directamente a la segunda pregunta. ¿Pueden las empresas sacrificar sus ganancias en el interés social sobre una base sostenible, o las fuerzas de un mercado competitivo traerá esos esfuerzos transitorios en el mejor de los casos? Paul Portney, decano de la escuela de gestión de Eller en la Universidad de Arizona, observa que para las empresas que gozan de posiciones de monopolio o producen productos para los mercados de nicho bien definido, tales costes adicionales pueden bien transmitirse a los clientes (productos orgánicos). Pero para la mayoría de las empresas de industrias competitivas, particularmente empresas que producen materias primas: es difícil o imposible transmitir tales gastos de manera voluntaria a los clientes. Esas empresas tienen que absorber esos costos adicionales en forma de beneficios reducidos, reduciendo los dividendos del accionista y/o una indemnización reducida, sugiriendo que, ante la competencia, tal comportamiento no es sostenible.

¿Esto lleva a la tercera pregunta de la RSC: incluso si las empresas podrían efectuar tales actividades de sacrificar ganancias y pueden hacerlo, se debería a que – desde una perspectiva de la sociedad? ¿Es que esto puede dar lugar a un uso eficiente de los recursos sociales? ¿Para ser más específicos, bajo qué condiciones están las actividades de RSE de las empresas probablemente mejorando el bienestar? Portney considera que esto es más probable que el caso de que si las empresas pongan en práctica estrategias de RSE, estarían haciendo eso porque es buen negocio: eso es, rentable. Una vez más, una respuesta positiva viola la premisa de la cuestión. Pero ante más costosas inversiones de RSE (no solo ir a pintar una escuela un fin de semana entre la gerencia y los empleados), existe la preocupación acerca de los costos de oportunidad de participación para las empresas. Además, en el caso de las empresas que se comportan estratégicamente con RSC para anticipar y dar forma a nuevas normativas, el bienestar podrá reducirse si como resultado se obtuviesen normas menos estrictas (habría que justificarlas).

Finalmente, ¿pueden las empresas comportarse de esta manera? ¿Algunas empresas podrían reducir sus ganancias por participar voluntariamente en el cuidado del medio ambiente? Forest L. Reinhardt de la Harvard Business School aborda esta pregunta, al determinar el rendimiento sobre una amplia muestra de empresas, considera que sólo rara vez el gasto justifica a “ser verde”. Dicho esto, hay situaciones en que si se justifica. Cuando uno puede aumentar la disposición de los clientes para pagar, reducir los costos, administrar el riesgo futuro, o anticipar y aplazar la costosa regulación gubernamental, entonces se puede pagar para ser verde (aquí es importante el análisis y consideración que un gobierno deber hacer sobre las regulaciones; muchas veces un gobierno demagógicamente utiliza lo “verde” para publicitarse, para mostrarse como un defensor del medioambiente y genero lo opuesto). En general, Reinhardt reconoce la existencia de estas oportunidades para algunas empresas – destacan ejemplos como la Patagonia y DuPont, pero la evidencia empírica no admite reclamaciones amplias de oportunidades generalizadas. Es decir, la empresa privada, conceptualmente tiene aun un camino largo para ser convencida de los beneficios de una real RSE.

¿Por lo tanto, esto dónde nos lleva? ¿Pueden las empresas participar en RSC, más allá de lo que dicta la ley? Un pregunta que nos debe llevar a pensar aun mas.

Lo que ha estado ocurriendo en Bolivia, desde que el termino “verde” se puso de moda, fue que grupos indígenas, municipios y otros actores han ido demandando “compensación ambiental” a las empresas mineras y de hidrocarburos, siendo el resultado un crecimiento mas grande en los costos. Quedando aun por demostrar si todas esas compensaciones fueron efectivamente canalizadas para la remediación y/o mitigación ambiental en si. Pasando por toma de rehenes, bloqueos y posiciones intransigentes, lo que hace aun mas difícil que cualquier inversionista venga a nuestro país.

Acerca de David J. Lozano

Economista ambiental con experiencia en alta gerencia para proyectos/programas de desarrollo sostenible y RSE.

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