Economía Ambiental: Cambio Climático

¿Es posible conseguir un convenio multilateral creíble sobre cambio climático?

Claro que es posible conseguir tremendo acuerdo, sin embargo el tiempo transcurrido y los avances lentos pesan negativamente para nuestra vida futura.  El plan propuesto de reducciones sobre emisiones desarrolla formulas que contengan las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono a 500 ppm[1], al mismo tiempo que observa las restricciones políticas sobre costo, equidad y tiempo oportuno de hacerlo.

El problema

Cambio climático, es por supuesto, una externalidad global.  Quiere decir que es un costo imputable a toda acción humana que nadie quiere reconocer, que nadie quiere incluir en sus costos.  Hacerlo determinaría inicialmente una “percepción negativa” a la competitividad atribuible a su posicionamiento global.  Los políticos no quieren imponer impuestos, controles estrictos por temor a perder apoyo (votos) de la sociedad.  Las empresas no se atreven a hacerlo, hasta que las regulaciones se las impongan, lo cual hace más llevadero el mensaje de esos ejecutivos hacia sus accionistas, sus dueños para su implementación posterior.  Algunas organizaciones multilaterales y organizaciones no gubernamentales participan activamente en ello, sin mucho éxito práctico desafortunadamente.   ¿Y que del resto de la sociedad, que hay de nosotros?  Bueno, es fácil reconocerlo, podemos hablar de este y otros problemas ambientales, porque esta de moda hacerlo, porque queremos impresionar a los demás y sin embargo no hacemos nada.  Nada para reducir la basura, para reciclar, para reusar, para ser mas eficientes y competitivos, nada.

Al ser una externalidad global, existe el problema del “free-rider[2]” es decir ningún país por si solo iniciara nada para mitigar el cambio climático.  La mejor solución es un tratado multilateral en el cual los países se comprometan seriamente a trabajar juntos.  Un tratado realista, donde no se estigmatice a los “ricos” ni los “pobres” tengan que buscar conmiseración alguna.  En diciembre 2009, se realizara una Conferencia de Partes bajo el Marco de la Convención en Cambio Climático de las Naciones Unidas.  Se reunirá en Copenhagen-Dinamarca con la esperanza de negociar un tratado que suceda al del Protocolo de Kyoto.

Entonces, veamos que es lo que le falto a ese protocolo: Hay por lo menos cuatro atributos críticos que no existen en el Protocolo de Kyoto.  Estos atributos necesitan ser incluidos si es que se quiere tratar de reducir de manera realista las concentraciones del efecto gas invernadero a niveles considerados como menos peligrosos por los científicos para el año 2100.

  1. Participación completa – esto es, la aceptación de los límites cuantitativos en emisiones – por todos los países grandes (desde EE.UU. hasta países en desarrollo como Brasil, Rusia, India, China).
  2. Un marco creíble que pueda establecer un camino hacia las reducciones de emisiones a lo largo de este siglo, no solamente los próximos cinco años.
  3. Alguna razón que nos lleve a pensar que todos los países acepten unirse y luego cumplir con lo acordado.  Esto implica metas que impongan económicos mayores a cualquiera de los países grandes, en cualquier década, relativo al abandono de este nuevo tratado.
  4. Bajo la misma lógica del punto anterior, se debe tener una razón poderosa, aceptable y cumplible (sanciones) para los países considerados pequeños.  El concepto de “free rider” influye tanto y sirve como excusa para cualquier otro país de dejar de mitigar los problemas ambientales, en este problema todos los países deben estar de acuerdo (Entonces, todo concepto político de carácter endógeno o de retroceder en el tiempo y cerrar fronteras queda ridículo, caduco.)

Ya por casi diez años, personas como Jeffrey Frankel[3] han trabajado bajo el Protocolo de Kyoto y han tratado de diseñar ese marco para asignar límites cuantitativos para todos los países.  Lo que Frankel propone ahora, se basa en los principios de Kyoto, es decir aceptando el marco referente de las metas nacionales para emisiones y los permisos de intercambio internacionales.  Lo innovador corresponde a tratar de resolver las serias deficiencias de ese convenio: participación incompleta de los países, la necesidad de contar con metas a largo plazo, y el incentivo económico para aquellos países que incumplan con sus compromisos.

Las Propuestas

A pesar de que existen muchas propuestas de sucesión al Protocolo de Kyoto, estas están típicamente basadas en uno o dos de los siguientes tres métodos filosóficos:

  1. científico (por ej. manteniendo las concentraciones globales a 450 ppm),
  2. equidad (por ej. iguales emisiones per capita para todos los países), o
  3. económico (sopesando los costos económicos de cortes agresivos a corto plazo frente a los beneficios ambientales de largo plazo).

Ahora bien, el plan de reducción de emisiones de Frankel ofrece alternativas prácticas –además de las anteriores tres consideraciones, tiene una inclinación marcada hacia lo político.  De manera más especifica, cualquier convenio climático futuro debe cumplir en la práctica con seis importantes restricciones políticas.

a)    EE.UU. no se comprometerá a metas cuantitativas si China o cualquier otro país mayor en desarrollo no se comprometiese al mismo tiempo con otras metas cuantitativas, debido a preocupaciones acerca de la competitividad económica y fugas de carbono.

b)    China y otros países en desarrollo no harán ningún sacrificio diferente a lo que habrían hecho los países ricos que hayan estado antes que ellos.

c)    A largo plazo, ningún país podrá ser recompensado por haber subido sus emisiones por encima de los niveles de 1990.

d)    Ningún país aceptara participar si el valor presente descontado de sus costos futuros esperados sea mas de, digamos 1% de su PIB.

e)    Ningún país continuara cumpliendo con las metas que tengan un costo mayor a, digamos un 5% de su PIB en cualquier periodo de su presupuesto.

f)      Si algún país mayor (grande) se saliese del convenio, otros se sentirían desmotivados de continuar y el sistema podría colapsar.

¿Y que de Bolivia?

Todo lo anterior es un excelente panorama para ver como reaccionamos,  retornando a Bolivia, ¿Que opciones nos quedan? ¿Cómo podríamos integrarnos a este desafío global?  Los seis puntos anteriores son entendibles y aplicables en virtud de un comportamiento racional, de respeto mutuo y consecuente.  Si bien el gobierno habla de una economía blindada, la cual sería irrelevante en términos de emisiones de dióxido de carbono por tener una economía pequeña, todos los bolivianos debemos estar conscientes de nuestra inserción en la economía mundial.  Nuestra Republica cuenta con ventajas comparativas para subirse a este nuevo convenio de manera responsable para con nuestros ciudadanos del año 2100.

Para empezar no tenemos emisiones mayores a las de los años noventa del pasado siglo.  Nuestras inversiones en los últimos años han sido casi inexistentes por lo que pudiéramos “cantar victoria” desde ahora.  Sin embargo, también debemos estar conscientes de que la falta de seguridad jurídica promueve degradación ambiental.  Uno de nuestros mayores logros en términos de bosques naturales manejados sosteniblemente está a punto de perderse.  Además, el estar considerados entre los 15 países con más biodiversidad en el mundo[4] es algo que debe hacernos entender que debemos cuidar ese patrimonio para nuestro futuro.  Bolivia debería captar inversiones que utilicen tecnologías nuevas, aceptables dentro de los límites enunciados en el Protocolo de Kyoto y por ende en el nuevo por firmarse.  No es suficiente que el gobierno de turno ya sea por razones electorales o de incapacidad anuncie rimbombantes alianzas, inversiones que tarde o nunca se concretan, y si llegasen con seguridad traerían tecnología obsoleta, contaminante, puesto que no tenemos los mecanismos de control ni la voluntad política que utilice los mecanismos de competitividad, eficiencia y eficacia que otros países implementan.  Un gobierno responsable debe asegurarse de cumplir los compromisos internacionales o empezar a adecuarse a ellos para su pronta inserción y beneficio.  Finalmente el mundo se dio cuenta que convenios de corto plazo no sirven, lo analizado en este documento refleja la intención seria del mundo de hablar y cumplir convenios para el resto de este siglo.  ¿Podremos tomar este desafío en nuestra Republica de Bolivia?


[1] Partes por millón

[2] Free rider.  Aquella persona, institución privada o pública que pudiendo pagar algo no lo hace, pues sabe que su “vecino” lo hará, así tendrá lo que quiere sin riesgo, sin costo alguno.

[3] Profesor de Formación de Capital y Crecimiento, Programas y Proyectos del Centro Belfer, Proyecto Harvard en Convenios Internacionales sobre el Clima, Universidad de Harvard.

[4] Una de las conclusiones del Foro “Biocomercio: Oportunidades para Bolivia”, coorganizado en La Paz por la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) y el IBCE, 26/08/2009.

Acerca de David J. Lozano

Economista ambiental con experiencia en alta gerencia para proyectos/programas de desarrollo sostenible y RSE.

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